Un producto que llega a todos no tiene dirección. Tiene desesperación. Definir tu nicho no espanta clientes, te da los correctos.
Catorce años construyendo marcas masculinas y el trabajo que más aparece no es crear el producto. Es definirlo. Porque la mayoría de los hombres que llegan ya tienen algo, pero no saben a dónde va.
Existir sin dirección es la forma más lenta de desaparecer.
El nicho no te limita
La mayoría tememos el nicho. Creemos que definir nuestro mercado significa perder clientes. Es exactamente al revés.
Un producto sin dirección no se puede promocionar porque no sabes a quién le hablas. No se puede valorar porque no sabes quién lo paga. No se puede medir porque no sabes a quién sirve.
El patrón que se repite: los hombres que intentan servir a todos construyen productos que no sirven a nadie particularmente bien. Los que definen su dirección con precisión cobran mejor, trabajan con menos clientes y generan más.
La dirección elimina
La dirección no es elegir un mercado. Es decidir qué no eres.
Cuanto más claro eres sobre lo que no ofreces, más evidente resultas para el hombre correcto. Un hombre con dirección no adapta su producto para cada cliente potencial. Filtra clientes contra su producto. Esa inversión, de adaptar el producto a filtrar al cliente, es la diferencia entre un commodity y un activo.
¿Sabes exactamente qué hombre no debería comprarte? Si no puedes responder eso en treinta segundos, tu producto aún no tiene dirección.
La dirección de un producto se mide por lo que rechaza, no por lo que acepta.
El nicho no es el lugar donde vives. Es el lugar desde donde operas. Un hombre que opera desde un lugar definido habla con más autoridad, cobra mejor y trabaja con los hombres correctos. Un hombre sin dirección acepta todo lo que llega y agradece todo lo que queda.


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