El hombre opuesto

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El hombre opuesto
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Cuando piensas en el hombre contrario a lo que eres, puede que te imagines a alguien diferente.

A veces cuestionas a los que, esperan más de ti, a los que, de algún modo, creen que pudieras ser un hombre mejor.

Si reflexionas en qué es lo contrario al amor, supondrías que el odio, cuando en realidad es la desidia.

Si opinas que lo opuesto a la belleza es la fealdad, también te equivocas, es la indiferencia.

Y si, por el contrario, asumes que lo opuesto a la vida es la muerte, pues sorpréndete, asimismo es la apatía.

Entonces, cuando reflexiones sobre el hombre que quieres ser o el hombre que pudieras llegar a ser con tu potencial, lo opuesto a él no es el hombre que eres ahora.

Es tu indiferencia a lo que puedes conseguir con tus habilidades e inteligencia.

Dicho de otro modo, el hombre opuesto a ese que puedes llegar a ser, es el hombre indiferente.

Así que, deja de quejarte y reflejarte en los dramas de los tipos mediocres, muévete y sal por ello que eres capaz de hacer, y si te equivocas mil veces, pues levántate mil veces y una más; eso hacen los hombres.

Asimilarte a la fragilidad actual, conformarte con lo que eres, es volverte indiferente con los que amas y sobre todo, contigo mismo, y más aún, con ese ADN masculino que pudiera crear, aportar e inspirar más.

Porque aunque no lo veas de esta manera, puede que ahora mismo, con tu actitud, dejadez y flojera por incomodarte, estés siendo y proyectando en los que te aman, precisamente; ese hombre opuesto que no quieres ser.

Y el hombre real, está muriendo en los confines de tu desidia, indiferencia y apatía. Esperando despertar cuando no sea demasiado tarde para intentarlo un poco más.


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