Hombre virtual; marca real

Hombre virtual; marca real

Ser un hombre «en línea» puede ser tu salida eficiente a la libertad más allá del tiempo y el espacio.

No pretendo meterte en una secta digital o algo así, todo lo contrario, puede que mi experiencia personal te ayude a relacionarte con el mundo digital de otro modo, ¿quizá más cercano y real?

Te contaré parte de mi transición

Corría el 2011, uno de los mejores años para mi Lab —o por lo menos eso pensaba yo en ese momento— gracias a una serie de tácticas; había conseguido duplicar los ingresos, lo que puedes considerar un logro.

Recuerdo moverme más en Bogotá por esa época y aunque ya manejaba algunos (pocos) clientes de otros lugares, esta ciudad era el epicentro de todas mis acciones de marketing para entonces.

Ten en cuenta, que el tema digital era otra historia por esos días, y aunque recién había cerrado una marca de tecnología (con ventas por internet), los negocios en donde mi presencia física formaba parte de la diferenciación me daban mejores resultados.

Pues bien, tener un Lab de branding ya no era la gran novedad, si lo era el manejo estratégico de mi marca personal y tener bien definido mi cliente objetivo, lo que me permitía manejar una tasa de cierre de hasta el 70 % por cita.

Eso sí, antes de visitar a un hombre de negocios hacía una investigación previa, no acudía a todos los llamados; si no sentía que podía ayudar no perdería mi tiempo ni el de él, ¡hasta aquí nada especial!

Volviendo a las tácticas

Una alianza con una importante escuela de negocios que impartía un programa exclusivo para pequeños empresarios —que buscaban exportar sus productos y servicios— marcó la diferencia ese año.

Me encanta partir desde un solo entregable, siempre he pensado que todo es más simple y atractivo —puede que me equivoque— lo cierto es que el mensaje lo centraba en impresionar para facilitar las ventas con una marca prémium.

Esta fue una de las imágenes vívidas que usé por entonces.

Es natural querer impresionar… ¡Nosotros te ayudamos a hacerlo!
Es natural querer impresionar… ¡Nosotros te ayudamos a hacerlo! – Campaña 2011 del Lab!

Hoy me parece horrible por supuesto, aunque esta imagen marcó para mí un punto de inflexión —¿cuál?— precisamente el que me llevó a compartirte esta historia.

Creo que cuando caes, tropiezas o te equivocas (fracasas) es desastroso, por más que te laves el cerebro y asumas que es solo una experiencia más y que te servirá para hacerlo mejor a la siguiente, no deja de afectar tu estima de «hombre indestructible».

Te llenas de miedos e inseguridades a tal punto, que los negocios nunca vuelven a ser iguales y lo peor, es que en la mayoría de los casos lo vives en silencio.

No asumirás frente a familiares y amigos que fracasaste, ¿o sí? —me salgo del tema— prometo contarte más en estas entregas especiales.

Con esa campaña de 2011, la historia sería otra (en principio), cientos de llamadas, leads bien cualificados, podía escoger a los clientes, el sueño de cualquier hombre de negocios.

Por primera vez en la historia del Lab transformamos más de 40 marcas —solo ese año— todo un hito para un pequeño estudio de cuatro personas en donde a lo máximo manejábamos 12 marcas × año.

Lo que ocurrió después

Para resumirte, fue el único momento como brander, que sentí odiar el branding.

No soportaba las citas, detestaba los traslados (eternos) en mi auto, clientes que —después de confirmada mi visita— no me atendían, o me dejaban esperando horas «porque estaban en una reunión», y te hablo de hombres con pequeños negocios.

Por más que segmentaba las mejores zonas de la ciudad, siempre debía moverme por lugares peligrosos y poco agradables para tu entusiasmo, porque había hecho matching y al final yo le daba prioridad a eso.

Aún así, ¡ese fue el año!, recuerdo que en medio de todo asumí el caos, aunque no pudiera dormir y no tuviera tiempo para nada, dedicaba más de catorce horas al Lab y en conclusión; odiaba literalmente lo que hacía.

La transformación

Iniciaba el 2012 y en mi cabeza, lo único claro, era que no quería vivir nuevamente la misma experiencia.

Quizá no tenía la mentalidad de un superempresario, porque tampoco era gran cosa lo que había logrado y ya estaba odiándolo todo.

No lo decía a nadie, porque, ¿qué vas a decir? —estoy vendiendo como loco con mi propio negocio, es rentable y odio todo— me dirían bipolar o algo por el estilo =(

Lo cierto es, que yo había creado el caos y debía resolverlo, así me implicara retroceder, porque crecer no me había llevado a sentirme «exitoso» ni a ninguna de esas pendejadas que te venden como «hombre empresario».

No me sentía a gusto con unas oficinas de más de cien mts², ni teniendo más personas que dependieran de mí, en fin, el libreto empresarial tradicional, ¡lo detesté!

Hubiera querido cambiar las cosas de un día para otro, lamentablemente no estaba en Hollywood, así que el asunto fue más de culebrón venezolano :@

Ya para entonces, era fanático de la tecnología (siempre lo he sido) y en gran medida manejar herramientas de productividad con facilidad es gracias a esa pasión.

Después de investigar como psicópata, decidí transformar el negocio en 100 % online ese mismo año, ¿más caos? así fue, lo que pasaría luego no te lo imaginas.

El resultado

Hice una pequeña transición (muy mala), dejé de asistir a las oficinas de mis clientes, frecuenté el uso de videollamadas y habilité en mi oficina un lugar genial para las presentaciones de las marcas (transformadas)

Invitaba los clientes a la oficina (remodelada para tal fin) y los hacía vivir una experiencia memorable allí. Al poco tiempo, ellos terminaron odiando —al igual que yo— los traslados físicos y todo terminó como era de esperarse.

Ese año (2012) lo terminé con una caída en las ventas del 50 %, si bien había logrado optimizar mi tiempo, aún internamente era ineficiente teniendo oficinas físicas y personas localizadas allí dependiendo de mí.

Te prometo seguir con la historia, si te gustan este tipo de artículos (dímelo en los comentarios), porque en cada año hacia atrás y adelante tengo cosas que te pueden dar algo para aplicar.

Por ahora, me centraré en dejarte lo que aprendí, y lo que hubiera hecho diferente mirando el camino en retrospectivo.

El aprendizaje

1. Haz cambios internos para luego gestionar los externos

Al transformar el servicio —ante los clientes— de presencial a telepresencial, la carga del equipo físico y las instalaciones, generaron pérdidas graves.

Hubiera sido mejor, transformar la operación física en virtual primero reduciendo más de un 70 % en los costos para luego si cambiar el servicio ante los clientes.

2. Diferencia los tipos de servicios y educa a tu cliente

Invertí poco tiempo en la educación de los clientes. Ellos pensaban que los iba a atender por correo electrónico o por teléfono y un servicio telepresencial es cara a cara por videollamada.

Quizá, si hubiera dedicado una o dos sesiones presenciales para explicar a cada cliente cómo funcionarían las herramientas del servicio telepresencial habría sido más asertivo.

3. No sigas un guion común para lograr algo inusual

Para entonces miraba a mi alrededor logrando solo ser igual de ineficiente que los demás. Seguí un guion corriente con un resultado deplorable. Si solo hubiera mirado más allá de mi entorno, la historia hubiera sido otra.

Lo único real, fue mi marca personal, aún conservo algunos clientes de esa época, no porque confiaron en el Lab, sino porque confiaron en mí como persona, como un hombre emprendedor, como un minimalista.

Ese año me envolvió.


4 respuestas a “Hombre virtual; marca real”

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