Cuanto más crece la confusión en la vida de un hombre, mayor es su necesidad de simplificarla.
Pensamos «erradamente» que la simplicidad es sinónimo de pobreza, fracaso, resignación y falta de visión, o de ser un hombre sin deseos.
Cuando de hecho, es todo lo contrario, mientras más escalas en tu nivel de conciencia y captas, los entresijos del consumismo, y cómo eres un títere manipulado por mensajes de escasez y necesidad.
Más valoras y buscas ser simple. Solo que una cosa es desear ser un hombre minimalista (por ejemplo) y otra, muy distinta, es conseguirlo nadando a contracorriente de todo tu mundo.
En la medida que más se ha complicado tu vida personal y profesional, con diferentes elecciones, más necesitas simplificar, y tiene sentido.
Un hombre que considera el desorden de su vida “normal”, pues poco creerá que necesita reducir el desorden, entonces, el caos también es un asunto de abstracción.
A veces, necesitamos reeducar nuestra mente para darnos cuenta de que hay mejores, y formas más sencillas de llevar nuestra vida, ¿cómo lo logras?
Consumiendo menos contenido sensacionalista y centrando tu atención en el significado, y los diferentes estilos de vida en donde el valor de lo simple te vuelve el protagonista de tu historia.
También puede funcionarte, revisar biografías de hombres que centraron sus ideas y proyectos en la simplicidad.
Y no me refiero únicamente al tema del diseño y los recursos utilizados, te hablo de estilos de negocios en donde el consumo, las posesiones, el crecimiento y los diferentes modos de darle significado a tu misión, parten de ti mismo como hombre y no de reconocimientos externos.
Por esa razón, cuanto más caos sientas en tus escenarios personales y profesionales, más necesitas de la simplicidad, quizá más dinero y juguetes no sean una solución de verdad.
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