El inicio de un emprendedor

El inicio de un emprendedor

Ejecutar una idea, no siempre precede una estrategia sofisticada, a veces te impulsa ser un hombre distinto.

Recuerdo que hacía un año recién llegaba a Bogotá proveniente de Caracas y la euforia del 2000 estaba implícita a mi alrededor.

Seguro puedes recordar que el milenio marcó muchos cambios de chip; rumores de un estilo de vida diferente, otorgándote el poder de decidir y decretar lo que querías para ti y tu destino.

Y si eras más «estratégico» podías centrarte en vivir de lo que te gustaba y ser feliz, ¡toda una novedad!

Para entonces; me desenvolvía como el gerente de recursos humanos de una empresa naciente, que aunque tenía poco tiempo en el mercado, ya había pasado de cien personas en su plantilla a más de dos mil quinientas en menos de dos años, un crecimiento que en mi área causó un caos inimaginable.

Esa no era mi preocupación, en definitiva, yo venía de otra corporación venezolana en donde la selección y contratación masiva de personas era mi día a día.

El mensaje era contundente; estaba sobrado, tenía estabilidad contractual, me pagaban bien, tenía autoridad y un CEO open mind, «El empleo soñado» lo que no tenía claro es si era suficiente para mí (?)

Ya había mordido la manzana del emprendimiento como aficionado por el 95 con un pequeño negocio de sonido (Me creía DJ) que acabo mal y debí emplearme para pagar el desastre y mantenerme. Este intento no cuenta, aunque la semilla de la libertad me quedó instaurada.

Tal fue así, que tener jefe, seguir instrucciones con la visión de otros —ya para entonces— no era lo mío, llámalo rebeldía de la edad.

El detonante fue cuando me trasladé a Colombia; el modo «protocolario» de la cultura bogotana, fue un choque para mí, que venía de un ambiente caraqueño más bien desenfadado. Esto más adelante —hombre virtual; marca real— fue una de mis ventajas como salesman =)

Las relaciones interpersonales dentro de la compañía no se me daban bien, en pocas palabras, los chismes, la envidia y mala onda propia de «algunos» ambientes laborales no me hacían integrarme; me sentía como ratón en ferretería :@

Largas jornadas, distancias enormes entre mi casa y la oficina, fines de semana llenos de trabajo y una sensación constante de que mi aporte nunca era suficiente.

Ya iba para el tercer año en ese trabajo e independizarme seguía en mi mente, solo que esta vez, estaba en otro país, una ciudad enorme y mi circulo social era de unos cinco forasteros.

Pretextos y más pretextos; siempre he sido lento con las decisiones trascendentales; era la vedad oculta.

Lo que ocurrió después

No tenía ni la menor idea de qué negocio iniciar ni de lo que podría necesitar para hacerlo, lo que si sabía era que mi vida se parecía a la de mi hámster Skinner que había muerto por esos días dejándome de autoherencia un castillo safari en acrílico verde, que apenas lograba disimular su esencia de jaula.

Pedí un cambio dentro de la compañía, pensé que no me lo darían porque no se asemejaba a mi cargo y creí que sería la excusa perfecta para retirarme.

¡Oh, sorpresa!, me dieron el cambio y ahora tendría a mi cargo todas las compras de la corporación, aunque era una responsabilidad del mismo nivel, la jornada era menor que en recursos humanos, lo que me permitió dedicarle tiempo a lo que había pospuesto por años.

Si bien odié ese nuevo rol lo transformé y optimicé hasta el punto de quedar sobrando, me sirvió para conocer de cerca cómo funcionaban los negocios en Colombia «comercialmente» y me dio la seguridad que me faltaba para lanzarme al ruedo.

La transformación

Ya corría 2001 y recuerdo que sentí un frío en el estómago esa mañana de septiembre que renuncié y sin pensar mucho en el tren de vida que mantenía con ese empleo; adecué el estudio de mi apartamento (4 mts²) para iniciar lo que en mi cabeza sería un negocio de tecnología.

No había pasado mucho tiempo con horas interminables de prospección y trabajo cuando entre ilusiones y gastos personales a los pocos meses se comenzaron a terminar los fondos (-$).

Debía despedirme de la calidad de vida «poco minimalista» que llevaba y con un código cultural que te muestra como fracasado cuando no estás a la altura sería lo más difícil.

Estaba casi en cero cuando solo tenía una representación de la marca Palm de la que entonces era un seguidor y usuario acérrimo; si hay un hilo conductor en mis marcas; es que siempre hago cosas que me gusten y use, parece tonto pero eso te mantiene emocionado.

Me había centrado en ser reseller autorizado de la marca (cosa que no era tan difícil): estaba frente a mi horrible Compaq Presario (No me había alcanzado para un iMac G3) y mi Palm m505, no tenía suficientes clientes y estaba aún lejos de una estrategia de captación efectiva :@

Plam m505 de 2001
Plam m505 de 2001 en su base hotsync

El resultado

¿Buscar otro trabajo? ¡Nooo!, de todas las alternativas esa no era una de ellas, iniciar este negocio me había cambiado, me encantaba esa sensación de ser el capitán de mi barco aunque eso implicara hundirme con él.

Yo tenía 24 años y ese fue el momento en el que nunca más volví al mundo laboral, mi mente gritaba freedom!

¿Y los clientes?, lo que vendía en portales como Deremate y Mercadolibre aún era poco y para no perder la representación armé una base de datos de pequeñas, tiendas de tecnología que no eran Palm reseller y con menor margen comencé a vendérselos.

Esto no duraría mucho, estas tiendas pronto identificarían al mayorista y dejarían de comprarme, pero fue una buena manera de facturar, dar espera y construir una cartera de clientes que luego yo podría ayudar.

También contacté en frío (uno a uno) hombres ejecutivos —que eran el público objetivo de esa marca— les enviaba un catálogo y luego los contactaba para ofrecerles las ventajas del dispositivo con mi asesoría de uso y puesta en marcha, así complementaba las ventas faltantes.

Recuerda que era el 2001 y si hoy solo sacas partido al 20 % de tu iPhone o iPad; imagínate en esa época que los hombres de negocios usaban agenda de papel.

Tiempo después por baja rentabilidad, comencé a conseguir representaciones de más marcas tecnológicas y me desenfoqué del producto inicial.

Para resumirte, luego terminé vendiendo más de cinco mil ítems desatando la explosión comercial que te conté en otra entrega de hombre minimalista.

¿Cómo puede dejarte algo esta experiencia fuera de temporada?

Te extrañaría ver la cantidad de hombres que viven hoy un caso similar y aunque el problema de ahora es la «saturación informativa» lanzar marcas, productos e incluso crear negocios sin una estrategia es más común que lo contrario.

Esto sin contar los hombres que aún con la infinidad de alternativas actuales no logran encontrar la salida de un mundo laboral «que odian», por desconocimiento, dinero o inseguridad.

Y no solo son infelices, sino que vuelven desgraciados a los suyos.

No quiero decir que debas ser hombre de negocios o empleado, el indicador real está en tu nivel de frustración, inconformismo y ganas de ver más allá de tus propios limites.

Está bien ser cualquiera de los dos, siempre y cuando te sientas contento, libre y hambriento de vida, o por lo menos es el tópico que creo yo.

El aprendizaje

1. Prepara el terreno antes de emprender una nueva idea

Siempre que esté en tus manos redúcete al máximo, revisa los gastos innecesarios, elimina lo que no sea significativo en tu vida, desintoxícate y luego si emprende la nueva idea.

Es mejor calidad que cantidad, programa tiempos de bajos ingresos y te darás cuenta lo eficiente que puedes ser cuando te lo propones y omites lo que piensen los demás sobre lo que compras o dejas de comprar.

2. Construye una base de posibles clientes

Siempre, siempre, siempre que inicies un proyecto, idea, marca o negocio céntrate en la persona a la que le puede ayudar tu entregable.

Cuando no tienes los clientes; no tienes más que una idea tonta de negocios, y de esas créeme hay muchas. Busca, atrae, conoce y luego soluciona, ármate de clientes geniales primero y verás como todo fluirá orgánicamente después.

3. Céntrate en una sola cosa y no sueltes una cuerda sin tener la otra

Ama los productos y servicios simples de alto nivel, son fáciles de entender, comunicar y cuando los vendes te sientes bien y haces sentir bien a tu comprador.

Si vas a independizarte, primero crea lo nuevo, pruébalo, véndelo y luego deja tu empleo o la idea antigua, la estrategia de Tarzán —en muchos casos— puede ser mejor que la de simplemente saltar.

Aunque en el periodo de esta historia el personal branding no había llegado a mi vida (pasarían 3 años más) el ADN de mi marca personal estaba allí —haz lo mismo— si estás disfrutarás y será una aventura de la que no te arrepentirás.

Cuando miro en retrospectivo a ese hombrecito de 24 años me hubiera gustado decirle lo mismo que quiero decirte hoy a ti:

Planea, luego actúa y por supuesto…

Disfruta la libertad y no te construyas —luego— jaulas más cómodas siguiendo guiones de los demás.

Ese año me envolvió.


2 respuestas a “El inicio de un emprendedor”

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