Producto masculino; la promesa

Producto masculino; la promesa

¿A quién le importa lo que prometes con tu marca?, ¿acaso aún viven los hombres inocentes?

Hace poco actualizaba el sitio de Hombre Digital, conmemorando el decimosexto aniversario de este viaje.

Y como me pasa siempre que miro hacia atrás, me rio de lo que antes era una «ley» y ahora es una burla.

Aunque depende del contexto, más de una década en un sector, negocio o marca puede ser poco o una eternidad, y cuando se trata del marketing, dieciséis años es un siglo.

Y es que si eres de los más veteranos compartirás conmigo lo fácil que era antes crear un producto y lo complejo que puede ser ahora con premisas caducas.

La promesa de valor

Creo yo que es una de ellas, porque si ves a tu alrededor, ¿acaso quedan ingenuos que aún creen en la promesa de una marca?

Las marcas, sobre todo las comerciales hacen tantas promesas que te preguntas, ¿es cierto esto?, no la promesa en sí, sino que se atrevan a prometerlo.

Pensaba cuando comencé, y algunas de mis promesas: ayudarte a impresionar, mostrar tu verdadero valor, crearte una marca extraordinaria, o más reciente; ayudarte a ser un hombre prémium.

Sin embargo, estas promesas, al igual que cualquier otra que puedas agregarle a tus productos, ¡no son nada!, más allá de unas frases más o menos simpáticas.

Son como las visiones y misiones de las corporaciones, unas palabras ridículas que solo el que las escribió cree que a alguien le importan.

Y sé que puede sonarte ilógico que un creador de marcas te diga esto, precisamente por tener tantos años haciéndolo, sé que la mayoría de las promesas de valor no son más que un párrafo en un brief.

La realidad actual es otra

Tus clientes, en algunos casos más actualizados que tú, con un par de clics pueden desmentir cualquier promesa falsa que hagas.

Esto sin contar, que con el conocimiento se pierde la inocencia, y son pocos los hombres «inteligentes» que hoy en día crean que los vas a volver millonarios o vas a solucionarles todos sus problemas, ¿verdad?

Así mismo, funciona en cualquier producto, lo que digas o quieras comunicar sin hechos, no es relevante, por eso, ten cuidado con lo que prometes.

Y aunque esto seguramente migrará a otra manera de conectar «como todo», ahora, es mejor prometer menos y ayudar con más valor.

Porque de nada sirve lo que prometas o que tu grito de guerra sea genial si no has vivido una batalla que beneficie al otro.

Y sí, esto lo pone más difícil para el que comienza, sin embargo, si ya tienes un recorrido real te será más intuitivo.

Porque, la mejor manera de prometer es con hechos, no con palabras vacías.

Así que la próxima vez que te preguntes, ¿cuál es mi promesa de valor?, más bien pregúntate, ¿cómo aporto valor con mis hechos?

No solo suena mejor, sino que cambia la manera en como ves tu producto y la solución para quien lo creaste.


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Renzo D’Angelo

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