Un hombre deslocalizado

Un hombre deslocalizado

Una ubicación física fija puede limitar tu creatividad, mentalidad y productividad, ¿o quizá no?

No me considero un experto en trabajo deslocalizado y «a mi pesar» tampoco soy un nómada digital.

Sin embargo, trabajo desde casa por más de quince años, y he aprendido de mis aciertos y caídas, y tal vez puedan abrirte el espectro a nuevas iniciativas.

Lo primero que debes diferenciar es el trabajo remoto del deslocalizado o distribuido, aunque en ambos estás fuera de la oficina, no son lo mismo.


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Remoto vs. Deslocalizado

El trabajo remoto por lo general es hacer lo que haces (o hacías) en tu oficina desde otro lugar, mayormente el mismo y con un horario establecido.

En el sistema remoto conservas las directrices de un sistema de oficina convencional, con la única diferencia de no estar físicamente en una, aunque el horario marca la pauta y tus límites.

Por otro lado, el sistema deslocalizado o distribuido, es trabajar desde cualquier lugar, a cualquier hora y centrado en las metas y resultados no en el horario.

En el sistema remoto acostumbras a tener una oficina central física desde donde coordinas todo, a diferencia del sistema deslocalizado en donde no cuentas con un núcleo central e incluso tú como líder también estas desde cualquier lugar.

Entender esto puede ayudarte a canalizar tus esfuerzos y ampliar tu visión, porque pasar de un sistema tradicional físico a uno deslocalizado sin antes haber experimentado el sistema remoto puede ser un caos.

O tal vez no, yo te cuento mi experiencia personal, y los retos que viví en cada etapa.

Cerrando las oficinas

Pasar del sistema de oficina tradicional a trabajar en casa lo hice en 2005, y en esencia, cerré las oficinas e instalé todo en mi apartamento de entonces.

Mirándolo ahora, fue como mudarme de sitio y ya, creo que el mayor traumatismo era que mi apto tenía 35 mts y la oficina ocupaba la mitad.

De esa etapa recuerdo haberme quitado un gran peso de encima, cerrar las oficinas que tenía en Caracas y Bogotá me dio oxigeno para andar más liviano y crear lo que haría después.

Amé tanto ese cambio que nunca más volví a tener una oficina fuera de mi casa, y después de quince años no creo dimitir.

Ahora, en ese momento mis clientes eran presenciales, no fue sino hasta siete años después que cambié mi servicio a telepresencial, de eso te hablé en Hombre virtual; marca real, así que no te aburro con esa historia.

Abrazando la eficiencia

Hasta aquí solo trabajaba desde casa, disfrutando de ventajas que ya pueden serte familiares, como economizar tiempo y dinero en transporte, optimizar mi productividad personal y disponer de todo en un solo lugar.

Obviamente se suman que esa misma facilidad me hacía trabajar más horas, sin embargo, cuando haces lo que te gusta no le ves tanto drama como el que quieren ponerle los que odian su trabajo.

Trabajar desde casa te enseña a ser disciplinado, organizado y responsable, o así lo veo yo, puede que al inicio te cueste el cambio «como cualquier otro», sin embargo, luego de tomar ritmo no entiendes como antes eras tan inproductivo.

Ahora, debes entender que si en la oficina eras un hombre ineficiente en la casa lo serás el doble, por eso debes mejorar tu sistema productivo al tiempo que cambias de entorno.

Experimentando el sistema remoto

Comencé a relacionarme con el sistema remoto en 2013, con el cambio de mi servicio a telepresencial el año anterior, decidí que era el momento de reducirme.

Las personas que formaban mi equipo de entonces, comenzaron a trabajar desde sus casas, y luego de un año, fue un desastre, la comunicación no fluía y los proyectos se retrasaban.

Lo que pensé que sería una gran innovación para ese momento, había terminado en una pérdida de personas valiosas que me habían acompañado por varios años.

¿Qué había hecho mal?, pueden ser diferentes variables, desde no haber dedicado más tiempo para sensibilizar al equipo, hasta mi falta de empatía durante el proceso.

Abrazando el sistema deslocalizado

Aunque mi intento remoto duró un poco más de un año, muy pronto «entrado en 2014» comencé a contratar profesionales en línea.

Los conseguía en diferentes portales (hay muchos) y me ayudaban en proyectos puntuales, y aunque era más una relación con un autónomo, poco a poco fui armando un equipo de especialistas en diferentes países.

Las ventajas eran enormes, desde mejores tarifas por servicios profesionales, hasta mejores especialistas en temas complejos, que sumarlos en un solo lugar físico sería imposible y costoso.

Y aunque es el método que utilizo hoy para fichar nuevos expertos en proyectos raros, todo fluye mejor cuando ejecutas varios proyectos y tienes una metodología eficiente, de lo contrario puedes perder tiempo y terminar odiando el sistema, porque eres tú el que no tiene uno.

Un hombre distribuido

Hasta 2016 seguía contento con mi sistema deslocalizado trabajando con profesionales geniales en toda Latinoamérica, sin embargo, me faltaba algo: yo no estaba deslocalizado.

Con toda esta historia de volverme un hombre más minimalista, la promoción de mi marca personal, el pódcast y todo por lo que probablemente me conoces, comencé el reto de hacer mi trabajo desde cualquier lugar.

Suena fácil, y aunque el 80 % de lo que hago, lo hago solitariamente, tenía todas las comodidades en casa para hacer que mi trabajo desde allí fuera genial.

Sin embargo, cuando salía, viajaba o me antojaba trabajar desde otro lugar quizá no era tan cómodo, por eso comencé la etapa de volverme más movible y liviano.

Desde cambiar el iMac por un MacBook, hasta usar pocos accesorios y herramientas simples para trabajar donde fuere y seguir rindiendo aun sin una conexión momentánea a internet.

Aprendiendo del recorrido

Lo que uso te lo mostré en recursos para un hombre minimalista, aquí quiero dejarte una perspectiva más personal de mi experiencia.

El camino hacia la independencia es un recorrido, no una meta, y cada día aprendo más, y cuando pienso que soy más libre, encuentro otra luz que me permite ver más claro.

Puedo entender que tu caso sea tan parecido o diferente al mío como cada hombre lo es, aun así creo que esto puede ayudarte en cualquier etapa de deslocalización:

Cuando borras los límites entre lo personal y lo profesional, se te revela que tanto amas lo que haces.

Renzo D’Angelo

Creo que no hay una sola manera, o una forma correcta de ser un hombre deslocalizado, sin embargo, siempre hay un modo de ser un hombre mejor, y no implica estar atado a un solo lugar.


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